“Un mundo feliz” en tiempos de Big Data

“Un mundo feliz” en tiempos de Big Data
La capacidad de pensar, investigar y razonar por uno mismo se ven inhibidas por el cómodo ejercicio de "googlear" una opinión, sobre los temas o conflictos del entorno en el que nos desarrollamos.

Estamos en tiempos en los que nuestros pensamientos, o aquello que conocíamos como “criterio propio”, se ven desplazados por los macrodatos del mundo virtual. 

Todo está allí, preparado y solucionado, no hay por qué esforzarse en la lectura y en la investigación. Temas que van desde la alimentación, la cultura, el arte, la medicina, relaciones amorosas y hasta por quién debemos votar, hay comentarios y opiniones sobre todo, elaborados estratégicamente por las élites y difundidos a través de los grandes medios de comunicación con sus críticos y opinólogos; Pensamientos prefabricados, ofrecidos en bandeja a la masa. por medio de los algoritmos de las redes y los motores de búsqueda que brindan un resumen ficticio, cómodo y escueto sobre nuestra realidad actual.

Paradójicamente, es en esta era de ultra tecnología, donde el conocimiento y la historia universal se han digitalizado, que la confusión resulta mayor.

Tendemos a acudir a algún foro de Facebook, o siguiendo a los opinólogos de los medios de comunicación, quienes ya tendrán una opinión formada para nosotros, para que por nuestra parte, podamos seguir tranquilos en el gran espectáculo de nuestro microcosmos; Encerrados en el reducido límite del placer y el consumo.

Llegamos al punto en que las decisiones de nuestra vida personal y cotidiana, se basan en las “estadísticas” de las redes, es decir, en las reacciones, pulgar arriba o pulgar abajo. Nuestros principios varían diariamente acorde a las historias y frases de la página o el influyente de turno.

La libertad de pensamiento es una quimera maquillada por la propaganda y la opinión de la mayoría. El hombre en la era del big data es un producto de los algoritmos, sin discernimiento ni raciocinio.

Inteligencia artificial, reconocimiento facial… las grandes empresas recopilan masivamente información nuestra, para utilizarla de acuerdo a sus intereses, nos clasifican de acuerdo a nuestros gustos, para invadirnos con propagandas, productos y/o noticias según nuestra actividad en la web.

¿Cómo es posible que una sociedad que es arrasada en su fuero interno por las tecnologías, no sea moldeada en ideas por los algoritmos y la propaganda? 

En definitiva, resultó ser la generación de “la mente abierta” las más influida por la era tecnológica; bombardeada con informaciones de contenido superfluo, que son absorbidas sin filtro, sin escepticismo, sin cuestionamientos;

¿Cabría replantearnos si nosotros manejamos la tecnología o bien ella nos maneja?.

En la pesadilla Orwelliana los individuos de la época eran conscientes del flagelo en el que vivían, pertenecían a una sociedad en la que se practicaba la vigilancia extrema, la represión. Y la información sobre los acontecimientos cotidianos era manipulada.

La diferencia entre aquella sociedad de la clásica novela con nuestra sociedad actual, es que en nuestra realidad no somos conscientes de la opresión en la que vivimos, no percibimos la existencia de un “gran hermano”.

Pareciera que fue Huxley y no Orwell quien más tuvo razón en sus predicciones, pues este supuso que no era necesaria la presencia de un gran hermano en la sociedad, utilizando como medio la represión para manejarla. Contrariamente a Orwell, Huxley suponía que la gente llegaría a “amar” la opresión y adorar a las tecnologías, que anulan la capacidad de pensar.

Podemos decir hoy día, que el hombre de los tiempos presentes es un hombre que vive desasido de la realidad, por afición a un mundo ficticio, el de las redes.

El hombre en la era del Big Data, es un hombre que vive en “un mundo feliz”.

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