Autor

Yanina Portillo

Católica. Estudiante de Derecho en la Universidad Nacional del Este

¡Será ley!

¡Será ley!

¡Será ley!
Hoy por hoy, negándose la ley divina y natural, teniendo como ley solo la positiva y escrita se cree que el Estado tiene el poder de crear leyes, incluso las naturales.

Actualmente vivimos una era de frecuentes manifestaciones por reivindicaciones de derechos; infaltables son los banderines, las batucadas y los carteles que expresan los pensamientos e ideas. Anhelan frenéticamente que sus ideologías tengan reconocimiento estatal para pregonar la legitimidad de los mismos saciando así su sed de justicia.

La legitimidad de las ideologías es el bien más estimado de estos tiempos. No importa la capacidad material y económica del Estado de ponerlas en práctica, tampoco importan si se realizaron investigaciones y se recabaron estadísticas reales para la aplicabilidad de esas leyes. Lo importante es que haya un escrito con el sello estatal promulgando su legitimidad.

Hoy por hoy, negándose la ley divina y natural, teniendo como ley solo la positiva y escrita se cree que el Estado tiene el poder de crear leyes, incluso las naturales.

En tiempos remotos se decía que la legitimidad de cualquier institución es su conformidad con la ley en toda la extensión de la palabra, y, por lo tanto, con la ley divina, natural y positiva, y con la humana, ya consuetudinaria, ya escrita. Hoy por hoy, negándose la ley divina y natural, teniendo como ley solo la positiva y escrita se cree que el Estado tiene el poder de crear leyes, incluso las naturales.

Al negar la ley natural y los principios básicos del Derecho se da al Estado el poder de sancionar leyes obligando a los burros a volar, pero peores son quienes creen que al día siguiente de promulgada la ley, a los burros le saldrán alas.

También se estudiaban los usos y costumbres como fuentes del Derecho, temo pensar que en unos años ella será reemplazada por las ideologías.  Esa forma de actuar uniforme y sin interrupciones respondiendo a una necesidad jurídica (o no) por un largo periodo de tiempo adoptado por miembros de una comunidad está siendo desplazada por una ley escrita, promulgada a solicitud de los que enarbolan los banderines, sujetan los carteles y hacen ruido con las batucadas.

Sacian su sed de justicia con la legitimación de sus ideologías, sin importar la ley en toda la extensión de la palabra o las fuentes del Derecho. Pensemos qué bien saciados estaban Lenin, Stalin, Mussolini y Franco porque hasta sus actos más atroces estaban amparados por la ley.

Al negar la ley natural y los principios básicos del Derecho se da al Estado el poder de sancionar leyes obligando a los burros a volar, pero peores son quienes creen que al día siguiente de promulgada la ley, a los burros le saldrán alas.

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