Santa Teresa de Ávila: Conquistadora del Paraguay

Santa Teresa de Ávila: Conquistadora del Paraguay
Es harto conocido el hecho de que Asunción del Paraguay es Madre de ciudades, cuna, amparo y reparo de la conquista española en el Río de la Plata; Se convirtió en “República”, recibiendo su escudo de armas junto con la autorización para conformar libremente su cabildo con el objetivo de elegir a sus propios gobernantes, por medio de la Real Cédula del 12 de septiembre de 1537 por decisión del Rey Carlos I de España y V del Sacro Imperio.

Por Bula Papal del 1 de julio de 1547, se creó el obispado del Paraguay y el Río de la Plata, con sede en Asunción. El reverendo padre Don Pedro Fernández de la Torre fue el primero en ocupar la silla Episcopal, en los periodos de 1555-1573.

No nos extenderemos a relatar los blasones y el ilustre linaje del Paraguay cuando empezó la heroica e inmensa tarea de la Conquista y Civilización de América, que tuvo a España como su principal protagonista. Nos interesa más, rescatar una figura en particular, que no solo estuvo en la etapa embrionaria del proceso sino que también podríamos considerarlo a la altura de Juan Díaz de Solís, Alejo García, Juan de Ayolas, Domíngo Martínez de Irala y Juan de Salazar y Espinoza, es decir, como uno de los descubridores y fundadores del Paraguay.

Nos referimos a Rodrigo Luís Sánchez Cepeda de Ávila y Ahumada (1513-1557), quien era el segundo hijo del matrimonio que conformaron los padres de la famosa Santa Teresa de Jesús (1515-1582), cuyo nombre de nacimiento fue Teresa Sánchez Cepeda de Ávila y Ahumada.

La Santa Doctora de la Iglesia Católica y su hermano Conquistador y Fundador del Paraguay eran muy cercanos.

Leían juntos los libros de caballería que abundaban en la época, soñaban con grandes aventuras en las que combatían para salvar a la España del Apóstol Santiago de la invasión de los moros y herejes que querían destruirla. Ambos jugaban con sus primos y participaron de no pocas travesuras, como por ejemplo, cuando por inspiración de la misma Teresa, se introdujeron ella y Rodrigo en territorio de moros buscando pendencias (nos referimos a los corsarios berberiscos que deambulaban por las costas), pero fueron descubiertos y llevados “de las orejas” a su casa. Recibieron una esmerada educación de su padre, Don Alonso Sánchez de Cepeda (1473-1543) quien fue hijo de un judío converso y que se ganó las insignias de hidalguía. También influyó en ellos su madre, Doña Beatriz de Ávila y Ahumada de las Cuevas (1490-1528), de ilustre prosapia y cristiana vieja.

Teresa y Rodrigo Luís eran como “uña y mugre”. La joven soñaba con el martirio, la muerte heroica, entregar su vida en pos de una causa noble. También hacía lo propio su hermano, y ambos tenían trazado sus procesos y planes de adultez. Ella decidió darse por entero a la vida religiosa mientras que su hermano optó por la carrera de las armas, siguiendo los pasos del primogénito de la familia, Hernando.

En la obra “Teresa de Ávila y la España de su Tiempo”, nos cuenta el historiador Joseph Pérez que “Rodrigo, el hermano favorito de Teresa, figura en la lista de pasajeros que parten hacia el Río de la Plata el 3 de agosto de 1535; había renunciado a su parte de herencia en favor de su hermana Teresa; se une a la expedición de Pedro de Mendoza que partirá de Sevilla tres semanas más tarde…”.

Teresa sintió enormemente la ausencia de su hermano más querido, pero al mismo tiempo, ese acontecimiento la llenó de valor y convicción como para introducirse al Carmelo, en donde dejaría una marca indeleble, trascendiendo sus poéticos ensayos “Caminos de la Perfección” y “Moradas” hasta el punto de convertirla en una de las cuatro mujeres Doctoras de la Iglesia Católica.

Al respecto de Rodrigo Luís, siguiendo los testimonios de Don Ruy Díaz de Guzmán, el asunceño y primer historiador nativo del Río de la Plata, se hallaba junto a las tropas dirigidas por el Capitán Don Domingo Martínez de Irala, siendo uno de sus principales oficiales. Cuando se estableció el rudimentario puerto que fue denominado “del Buen Ayre” por Don Pedro de Mendoza y sus hombres, Don Rodrigo Luís se hallaba entre sus primeros habitantes, aunque nunca lograron asentarse y fundar una ciudad (nunca pasó de ser un simple puerto) a causa de los constantes ataques que sufrían de la mano de los aborígenes del lugar. El achacoso y veterano Don Pedro de Mendoza, Comandante Militar, Almirante y Caballero de la Orden de Santiago que había participado del saqueo de Roma en 1527, enfermo y envejecido, emprendió el regreso a España para buscar refuerzos y murió en el camino. Quedaría a cargo de la expedición en el Río de La Plata su lugarteniente, el Capitán Don Juan de Ayolas, quien aparentemente fue miembro de la Orden de Calatrava. Junto a él se encontraban otros hombres de prosapia como Don Domingo Martínez de Irala y Albizúa, caballero vasco. Y desde luego, Don Rodrigo Luís de Ávila, hermano de Santa Teresa.

Toda la zona del estuario era conocida como “El Paraguay”. Así lo describieron Juan Díaz de Solís y Castilla, Sebastián Gaboto y Alejo García. La denominación “Río de la Plata” es posterior.

En su obra “World Without End: Spain, Philip II and the First Global Empire”, el Barón Hugh Thomas de Inglaterra nos relata lo siguiente (los paréntesis son míos):

“Juan de Ayolas, ciudadano de Burgos, fue el verdadero fundador de lo que sería la colonia conocida como Paraguay.

Fue grandemente asistido por la tolerante docilidad de los guaraníes, aunque en la banda occidental del territorio, algunas tribus como los agaces y guaikurúes, eran muy hostiles a los españoles, aunque los guaraníes mayormente los aceptaron. Ayolas podía haberse asentado felizmente en Asunción y concentrarse en expandir su fortuna y prosperidad (…) pero en 1537 se embarcó en una nueva expedición de descubrimiento en búsqueda de la mágica “Ciudad de los Césares” (…). Ayolas partió hasta el puerto ribereño que él mismo fundó y que bautizó “La Candelaria” (cerca del actual Fuerte Olimpo) y se lanzó al Oeste con 127 hombres en búsqueda del Perú. Llegó cerca de dicho lugar, pero cayó en manos de los indígenas que lo mataron, con todos de su expedición.

“Ayolas dejó en la Candelaria a un bizarro vasco llamado Domingo Martínez de Irala. Había nacido en Mondragón, una conocida villa de la provincia de Guipúzcoa (…) y salió rumbo al Río de la Plata junto a Pedro de Mendoza. Martínez había comandado un bergantín en la primera expedición de Ayolas en 1536 y estuvo acompañado por Rodrigo de Cepeda, hermano de Santa Teresa de Ávila y converso de segunda generación”.

Mientras buscaban al extraviado Ayolas, Irala y Rodrigo Luís sufrieron ataques constantes en “La Candelaria” y decidieron abandonarla. Sobrevivieron a duras penas y se encontraron en el camino con el Capitán y Comendador de la Orden de Santiago Don Juan de Salazar y Espinosa de los Monteros, quien salió con los últimos supervivientes del denominado “Puerto de Buenos Aires” para dar auxilio a sus compañeros extraviados. Pero Salazar aprovechó para fundar, de manera oficial, la ciudad de Asunción el 15 de Agosto de 1537. Así, cuando Don Domingo y Don Rodrigo Luís llegaron al lugar, quedaron gratamente sorprendidos y se sintieron a salvo, estando ellos entre los primeros ciudadanos de la Madre de Ciudades del Río de la Plata. Tiempo después confirmóse la muerte del primer Teniente Gobernador del Paraguay, Don Juan de Ayolas.

De esta manera, el hermano de Santa Teresa de Jesús, Don Rodrigo Luís Sanchez Cepeda de Ávila y Ahumada, se convirtió en Conquistador del Paraguay, actuando como segundo oficial y lugarteniente de Don Domingo Martínez de Irala, el primer Gobernador de la nueva y extensa provincia del Imperio.

En ese sentido, podemos decir que la extraordinaria mujer y doctora de la Iglesia Católica también comparte el rol de “Conquistadora del Paraguay”, pues fueron ellos juntos quienes, desde su infancia, soñaron con grandes aventuras de caballeros y damas, que entregaban sus vidas en defensa de la fé y llevando el Evangelio de Jesucristo a todos los confines de la tierra. Rodrigo era “el otro yo” de Teresa, su mejor amigo, su compañero de ensoñaciones y anhelos; Como hermanos, se inspiraron mutuamente, obraron con un corazón similar y un alma apasionada, cada cual conforme a su estilo y manera. Es más que conocido que ambos, Rodrigo y Teresa, siempre se recordaban con cariño fraterno con la frase “para siempre, para siempre”, era una forma noble y poética en la que se animaban mutuamente, en esas ensoñaciones de niños alegres que buscaban entregar sus vidas para una causa suprema.

Rodrigo Luís fue por varios años vecino de la Ciudad de Asunción, incluso se dice que dejó descendencia con algunas nativas guaraníes en ese fascinante “Paraíso de Mahoma” que encontraron los españoles al establecerse en Paraguay. Luego, se pierde su rastro aunque existen dos versiones sobre sus últimos días y heroica muerte. La más aceptada, que nos relata José María González Ochoa en “Quién es Quién en la América del Descubrimiento”, señala que habría fallecido en una campaña militar contra los aborígenes chilenos en 1557. Pero Alicia Dujovne Ortiz, en una obra dedicada a Santa Teresa de Ávila, ha especulado que quizás su hermano no cayó en el “campo de batalla” sino que vivió y murió en los bosques del Paraguay, seducido por sus insuperables encantos…

Como es costumbre en nuestro país, no hay marca, calle, plaza o monumento que recuerde a uno de los Conquistadores y Fundadores del Paraguay, Don Rodrigo Luís de Ávila.

Pero quiso el destino que una de las principales avenidas de la Ciudad de Asunción, actualmente pujante, llena de altos edificios, esté dedicada a su hermana, esa genial mística española y celebérrima Doctora de la Iglesia Católica, “Santa Teresa” tiene allí una pequeña pero encantadora estatua que observa hacia las afueras de la Antigua Capital del Paraguay, como si estuviera buscando a su hermano Rodrigo Luís de Ávila, señalando con la mirada al camino que él habría tomado hacia “La Candelaria” para luego cruzar el Gran Chaco en búsqueda del infortunado Don Juan de Ayolas y luego regresar, como uno de los pocos supervivientes de tan heroica tragedia, a la Madre de Ciudades del Río de la Plata y finalmente perderse “para siempre, para siempre”, entre los aborígenes del Nuevo Mundo.

Ambos, Santa Teresa de Ávila y su hermano Don Rodrigo, cada uno a su manera, son Conquistadores del Paraguay.

Luque, República del Paraguay.

7 de octubre de 2021, Aniversario 450 de la Victoria de Lepanto.

1 comentario

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  • Siempre me ha impresionado el origen del Paraguay… Y también la vida y obra de Teresa de Ávila, a quien sin duda, el Paraguay noble y sufrido le debe más de una oración…