No hice más que mi deber…

Que abarca una dimensión íntima y puede irse proyectando en el cuadro familiar y en la cultura social.

Tener pila para establecer un ritmo apurado, abocarse a recursos para lidiar con los problemas de más medida o así mismo ante el intento de rendir de continuo el 100% de nuestras fuerzas da como resultado un saldo rojo.

Saldo Rojo;

Surge la necesidad de liberarnos de todo lo que no nos proporciona bienestar, sea esto preocupaciones, obligaciones, compromisos. Qué no llegamos nunca a entender lo valioso que es; lo qué el fuego del sufrimiento dejará al desnudo y qué significado tendría un patrón de vida asumido con todas las letras del amor y la responsabilidad.

Una suerte de fuerza motivadora, que llega a iluminar las profundidades de nuestro corazón, trayendo consigo consuelo y estímulo a ir respondiendo de buen grado a las exigencias de los deberes de estado que corresponde, impelidos por un suave atractivo de cumplimiento,  comunicadas por el auxilio divino de la gracia para invertir nuestro papel de víctima para de pronto vernos viriles defensores de nuestra propia realidad, con sus luchas, penas y consuelos. 

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