Naturaleza del hábito

En Ética a Nicómano, el sabio Aristóteles hablando acerca de la virtud humana nos diría que esta, no es una facultad, sino un hábito.

“La excelencia no es una acción, es un hábito”.

¿Pero qué es el hábito? La palabra hábito, del latín habitus, deriva de habere, familia etimológica del verbo haber, tener o sujetar. En un sentido más amplio, el hábito sería; la propiedad de conservar las modificaciones recibidas. Jolivet (1953).

Es decir, de retener las nuevas informaciones, identificarlas y catalogarlas en nosotros a efectos de que cuando determinados escenarios se nos presenten nuevamente, el intelecto actúe sobre ellos con la experiencia que no tuvo en la primera ocasión, y que, además, vaya perfeccionando sus ejecuciones al punto de reproducirlas con mayor facilidad conforme a mayor frecuencia lo realiza.

Sin embargo, para que entendamos aún mejor lo que es el hábito, debemos hacer algunas precisiones. El hábito no se reduce solamente a la inercia. Pues como ya dijimos, nos permite llevar a cabo actividades con una mayor comodidad y soltura.

Esto se evidencia, por ejemplo, cuando en un trabajo nuevo, decimos que “nos falta costumbre” cuando las cosas no nos salen bien. Por tanto, el hábito puede ser definido como una aptitud que germina en nosotros cuando adoptamos una nueva información y la adaptamos en nosotros como una funcionalidad. Es decir, el cuerpo, el sujeto empírico y el sujeto psíquico, tendrán la habilidad espontánea o la capacidad de realizar con sencillez o sin esfuerzo una actividad.

Por estas razones es que debemos diferenciar al hábito de la costumbre. Pues la costumbre, a diferencia del hábito que implica ejecución y actividad, es una “facultad pasiva”. Es la capacidad de adaptación de nuestro organismo a las condiciones que se manifiesten, así como el niño en su neurodesarrollo inconscientemente o de forma mecánica, se adapta al medio o entorno.

Tenemos pues tres tipos de hábitos generales o fundamentales, los hábitos intelectuales que competen a las facultades del conocimiento, los hábitos motores, que corresponden a las aptitudes para llevar a cabo actividades o ejercicios sencillos o complejos, y los hábitos morales, que competen a nuestra voluntad y en el que lidian los vicios y las virtudes.

Claro es, que podemos tener hábitos buenos y hábitos malos. Pero ahora no entraremos a discutir esta cuestión. Interesa aquí solamente su correcto uso y no el “mal uso”. Solo diremos respecto a esto que; todo vicio, es ciertamente un hábito, pero no todo hábito resulta ser un vicio. Pues el buen hábito es virtud.

La finalidad del hábito es, pues, la continuidad y el progreso. Es decir, no son episodios aislados en nuestra existencia. Pues si lo miramos de esta forma, los hábitos en nuestro presente están unidos al pasado y preparan el porvenir.

Volvamos al ejemplo de un nuevo trabajo. Cuando llevamos a cabo una actividad que nos es desconocida, todo nuestro tiempo y esfuerzo se dedicarán a resolver aquello sobre lo que no tenemos las ideas o instrucciones claras. Pero conforme vayamos repitiendo la actividad, llegará el punto en que alcanzaremos una desenvoltura “automática” que nos permitirá su ejercicio como en una lección que sabemos de memoria, y que la llevamos a cabo apenas oímos la primera palabra. En ese momento todos los mecanismos se desencadenan y comienzan a actuar por sí mismos desde el comienzo hasta el fin.

De esta manera es que preparamos el suelo para el “porvenir”. Pues el hábito nos da la libertad de alimentar y ampliar nuestras “funcionalidades” como habíamos dicho. Así el escultor que aprende las técnicas requeridas para su labor, en adelante podrá alimentar su habilidad con técnicas cada vez mejores y más complejas.

El hábito conserva lo aprendido, permitiendo así el aumento de todo aprendizaje. Las aptitudes añaden nuevas ideas y ejercicios abriéndonos grandes perspectivas de un desenvolvimiento indefinido.

Por ello debemos resaltar la importancia del hábito en nuestras vidas. Y esto recuerda a aquella cita de tintes tibetanos que dice;

“…siembra una acción, y cosecharás un hábito, siembra un hábito y cosecharás un carácter, siembra un carácter y cosecharás un destino”.

Es prudente entonces, por todo esto, no andar caminando por allí con los hábitos incorrectos.

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