Declaración Fundacional

La Declaración Fundacional constituye el patrimonio moral que los miembros están obligados a custodiar, como idea fundante del trabajo de La Liga. Dice cuanto sigue:

[Situación actual de la sociedad y cultura paraguaya]

La sociedad paraguaya se halla en profunda crisis. Habiendo renunciado a las fuentes de la cultura nacional, se entregó cual meretriz en las manos de ideas extrañas, idealismos vacíos y un futuro incierto. Cambió el trabajo por la envidia, la justicia por la revolución y la virtud por los vicios; el bien por el mal, la honestidad por la corrupción moral y la verdad por la incertidumbre de las opiniones.
Nuestros jóvenes y niños no sólo dudan de su porvenir material -cosa importante aunque menor-, sino que vagan desgraciados y olvidados de su identidad y de sus raíces, a merced de cualquier viento de novedad y esperanzados en la llegada de algún blasfemo mesías terrenal. El futuro de la nación paraguaya se ve terriblemente comprometido en medio del caos cultural, que es peor que las guerras, porque deja destruído el interior del hombre, haciéndolo estéril e incapaz. ¿Cuál civilización en estado de decadencia moral pudo detener su ruina? Nosotros no seríamos la excepción.

[Nuestros ideales]

Brilla sin embargo en los corazones de algunos la estrella luminosa de nuestras glorias de otrora, cuando valía más la virtud que un plato de lentejas, más el honor que un poco de agua fresca, más el alma viril e inmortal que la ropa que cubre el propio cuerpo mortal. ¿Hay alguno, con sentido común, que escuchando de los abuelos las bellas historias no desea recuperar esos tiempos ahora perdidos entre el cemento y el frenesí? ¿Se atreve alguien a no echar de menos el fresco de la mañana, la luz de las estrellas, la risa de los niños, la firmeza de los adultos, la paz de los ancianos y el repique de las campanas?

[Nuestros objetivos]

Queremos nosotros, fieles al alma nacional, nacida en los lejanos tiempos de conquistadores, misioneros, campesinos y guerreros, reencender en el corazón de nuestros hermanos el ideal patriótico. Será el nuestro un amor virtuoso que se consuma en la imitación de la bravura de nuestros mayores, de la vida familiar de nuestros padres, de la fe de quienes nos precedieron y engrandecieron nuestra historia.
Pero, para lograr esto ¿podríamos ofrecer hoy algo desde nuestra pobreza? Lo mejor que tenemos, cual viuda pobre y generosa, es el esfuerzo por hacer de la escuela y la universidad la casa de los amadores de este suelo y su gente, el vientre donde se gestan todas las virtudes y se destruyen todos los vicios, y el taller donde se forja el alma noble capaz de dejar el propio cuero por los suyos, por sus hijos, por su tierra y por su Dios.

[Nuestra estrategia]

No pretendemos otra cosa que pregonar la verdad. Serán nuestros pechos las murallas que detendrán las afrentas de impíos destructores de la patria; serán nuestras voces las trompetas que sonarán llenas de fragor para combatir la mentira y el error; serán nuestras manos cual estandartes levantados hacia Lo Alto, con la pluma o la espada, en la defensa de nuestra herencia; serán nuestros corazones refugios de virtud, para que cuando llegue el momento final, nos mantengamos en pie, junto a nuestros hermanos, seguros de haber hecho todo lo posible en favor del bien y la verdad.