La sana indiferencia

La sana indiferencia

Escrito por: Carlos Florentín.

Acompañar la política nacional nos brinda episodios que parecen sacados de algunas de las comedias de Plauto. Cualquiera que haya cultivado el hobbie de observar los comentarios en las publicaciones de los más reputados medios de comunicación se habrá percatado de que el caos y la comedia no se circunscriben tan solo al palacio de los López.

Acompañar las noticias y estar pendientes del panorama político no solo no contribuye en la medida que se cree, sino que termina entorpeciendo el tan anhelado cambio cultural del país.

Por ello, uno de los mejores hábitos a ser adquiridos es el de la sana indiferencia hacia el panorama político nacional y hacia las noticias circundantes que pululan por doquier. Quizá alguno lea extrañado tal afirmación, después de todo, parece contradecir el sentir común de todo joven deseoso de mejorar su país y contribuir al desarrollo cultural. Y es justamente pensando en ello que su servidor se toma el atrevimiento de hacer tal sugerencia.

Acompañar las noticias y estar pendientes del panorama político no solo no contribuye en la medida que se cree, sino que termina entorpeciendo el tan anhelado cambio cultural del país. Claro, no piense el lector que secundo una conducta avestrucista, propia de quienes, ante problemas y peligros, entierran su cabeza bajo tierra al modo de la simpática ave.

El cambio cultural no se dará jamás en el plano político si antes no se da primero en el plano académico y mediático. Tampoco se producirá en el plano académico ni mediático si no se produce antes en la familia. Y no se producirá en la familia ni en ningún otro lugar si no empieza, en primerísimo lugar, por usted, estimado lector. El cambio cultural lo empieza la persona concreta, con actos concretos.

Las noticias importantes llegarán a usted indefectiblemente, mientras que las que carecen de relevancia caerán en la espiral del olvido

Tratar de saltarse el orden establecido tiene efectos, algunos evidentes; otros, los más peligrosos, se manifiestan solapadamente. Una de las consecuencias evidentes es que es un tiempo malgastado e inútil. Haga el siguiente experimento: no busque de manera activa ninguna noticia de tipo político por el plazo de un mes; asuma una postura pasiva. Sométase a un proceso voluntario de desintoxicación. Se sorprenderá con los resultados, porque notará muy pronto que no se perderá de nada.

Las noticias importantes llegarán a usted indefectiblemente, mientras que las que carecen de relevancia caerán en la espiral del olvido, y usted habrá preservado su tiempo para emplearlo en actividades que de verdad pueden conllevar un cambio concreto para usted y los demás.

Otra consecuencia evidente es la endiablada manía de perder el tiempo con debates políticos de todo tipo. Si no le pone freno a su ímpetu, antes de que se percate estará trabando encarnizados debates virtuales con la señora encargada del mercadito “Don Papi”, de algún recóndito rincón del país, o con Robertito, joven que detesta leer y cuya única fuente de información son los memes de Facebook… Ya ve a dónde apunto, ¿Verdad? Mientras usted cree estar ejercitando su dialéctica como un Olavo de Carvalho en su debate con Alexander Dugin, la realidad es que, concretamente, tan solo pierde el tiempo.

Porque la verdad es que la relevancia de una discusión faceboquiana—o la red social de que se trate—carece de todo sentido y no secunda en absoluto a la causa. Es un engaño muy sutil, pero tremendamente seductor y que se relaciona directamente con el efecto peligroso referido en párrafos anteriores.

Ganará y llegará a más si reza, cultiva su vida espiritual y deja atrás la falsa sensación de intelectualidad

Tales actitudes nos dan la falsa impresión de que somos personas inteligentes, cultas, especiales y diferenciadas de los demás. Nos dan la sensación de que estamos pontificando y argumentando como pocos, mientras citamos a Tomás de Aquino en latín.

Y no piense el lector que deba abstenerse de manifestar su postura, pues no es esa la idea. Simplemente absténgase del debate político y de consumir activamente las noticias. Asuma una posición pasiva y verá como no solo no deja de informarse, sino que lo hace mejor.

Contribuirá usted mucho más si, en vez de gastar el tiempo en tales cosas, se centra en estudiar, crecer y capacitarse más. Ganará y llegará a más si reza, cultiva su vida espiritual y deja atrás la falsa sensación de intelectualidad. Claro, ello no obsta a defender obstinadamente ciertas causas cruciales, como las de la vida y similares. Pero para defender, primero hay que prepararse. Y eso requiere tiempo.

De nada sirve andar al tanto de las novedades políticas, mientras se descuidan los deberes, estos sí muy conocidos.

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.