La existencia y la realidad mediática

La existencia y la realidad mediática
La crisis actual del coronavirus no sería tal sin la complicidad de los medios de comunicación.

La crisis actual del coronavirus no sería tal sin la complicidad de los medios de comunicación. Esta sentencia no es infundada, y más bien responde a una realidad que se puede percibir si analizamos el pasado. Desde el 2003 con el Sars Cov 1 -si, para quien no lo recuerde o no lo sepa, hubo uno en el 2003- en adelante, se han hecho intentonas mediáticas de terrorismo para que la gente sucumba ante el miedo. En aquellos intentos se supuso que bastaba con el miedo mediático para lograr que el pánico de la masa ignorante actuase por sí solo. Y no fue así.

Primero porque la masa no es tan ignorante como a los que manejan las mafias mediáticas le gustaría. Y segundo, porque los hombres prefieren asumir los riesgos y seguir trabajando para poner el pan en la mesa, antes que ser presos del pánico.

Entonces fue necesario hacer cómplices -bien pagados, por supuesto- a gobiernos y directivos de salud. Y aun con todo, la gente que es dada a la lectura e investigación puso todo al descubierto -aunque se los tilde de paranoicos- y todos los que aún deben seguir trabajando volvieron a asumir el riesgo y decidieron continuar con la vida. Y es que la vida siempre triunfa.

Hoy son los periodistas y pseudo-periodistas los que se someten al poder del dinero, abandonan su independencia y faltan a la verdad

Pero este no es el centro de la cuestión. Es ver un trasfondo que a veces se nos escapa, por nuestra manía de estar enredado en redes. Por estar en los “medios” sin poder ver los extremos.

Los medios tradicionales, en especial la televisión, están en crisis. Programas de panel, ficciones, espectáculos… todo devaluado. Se desangran ante el avance de la tv paga y el internet. En el ámbito local los periodistas descendieron estrepitosamente de nivel. Ya no hay cadenas de noticias, sino replicadores de lo que alguna página de internet, o Facebook, o Twitter, o Instagram han publicado hace horas. El público joven no prende la tele. Y en la medida que la generación que se crió con la TV es reemplazada por la que se ha criado con Internet, así se licua el poder mediático tradicional de las emisoras de TV.

La TV hoy solo importa a aquellos que tienen costumbre de verla, o a quienes desgraciadamente no tienen acceso a internet, dos nichos cada vez más reducidos. Ser parte de la televisión de a poco se va pareciendo más a ser actor de circo. Inspiran esa decadencia y esa necesidad de hacer cosas extremas forzados por la necesidad. Y tal es la necesidad que los periodistas y panelistas ponen en primer lugar su trabajo que la identificación como ciudadanos afectados por las propias mentiras que se encargan de propagar. Asistimos a diario al suicidio de la libertad por parte de aquellos que se dicen abanderados de la libertad de pensamiento y expresión. Hoy son los periodistas y pseudo-periodistas los que se someten al poder del dinero, abandonan su independencia y faltan a la verdad, en una ingenua y precaria confianza de que el público en general siga creyéndoles como antaño.

Si bien internet es una fuente de bulos y falsas noticias, es una fuente mucho más amplia, y un punto de contacto con aquellas personas que en el pasado se veían privadas de hablar en los medios. Hoy, pese a las persecuciones y censuras, pueden dar su versión de los hechos desde los nazis y los terraplanistas, hasta los científicos más destacados que han sido censurados en el pasado por los dogmas científicos de las principales academias del mundo. Y, bien o mal, la duda que atento contra el orden tradicional en el pasado, como toda bestia voraz e incontrolable se está comiendo a sus propios creadores. Los que al mundo le enseñaron a dudar de la realidad tal cual es, enseñando idealismos y fantasías demenciales, hoy ven con miedo que esa duda constante desintegra incluso las bases y herramientas de esas “verdades” que buscaban imponer.

Los medios de las mafias globales están luchando día y noche contra algo que ellos mismos crearon. Ya no pueden sostener el relato único, la realidad mediática. Todo el peso de los que existen y participan a diario en los medios alternativos se les cae encima, se les escapa entre los dedos y los arrastra como una ola. Parches aquí. Enmiendas acá. Contradicciones. Tapaderas. Movidas mediáticas. Shows disuasivos… y un público cada vez más numeroso que no les cree.

Y es que hay que repetir hasta el cansancio que la televisión es TODO FICCION. Principalmente los noticieros. La existencia fuera de la TV y de los medios sigue siendo lo que importa.

Es la televisión y otros medios los que le dicen “No, la verdad no es lo que vive y ve usted a diario, sino lo que nosotros le contamos”. El que se fía, supone que aquellos son “profesionales de la información capaces de ver las cosas de una manera más precisa y consolidada y demás…”. Ponen en primer lugar las cadenas mediáticas, sobre las redes naturales de percepción e información interpersonal.

Vea entonces, el que tenga ojos y quiera ver, que, si hay un Camino, es imposible transitarlo en el encierro.

El encierro mismo hace de cada uno un elemento aislado de esa red, obligado a creer lo que unas 21 pulgadas o dos parlantes nos diga. Es este encierro, en realidad, una terapia de noticias falsas destinadas a hacernos creer definitivamente que la realidad es la que nos cuentan y no la que se vive.

Y es que realidades hay muchas. La mía. La de usted. Podemos compartirla o no, y de esas realidades saldrán también las verdades. El que cree sabe que la realidad toda solo la puede conocer el Omnipresente, por lo tanto, solo Dios es Dueño único de la Verdad toda. Pero el que no cree en Dios, supone que esa omnipresencia y omnisapiencia se encuentra en los medios, a los que no demora en darle la omnipotencia y el poder de manejar su vida. Por eso no es de extrañar que en base a esas mentiras el hombre no sepa como conducir su vida, que caiga en el consumismo irresponsable y la lujuria, en ideas que solo se traducen en desgracias y pobreza.

Vea entonces, el que tenga ojos y quiera ver, que, si hay un Camino, es imposible transitarlo en el encierro. Que, si hay una Verdad, no se puede aprender de los medios difusores de mentiras. Que, si hay una Vida, se la debe vivir sin miedo a la muerte. Y si hay un Luz en el Mundo que deba guiarnos, esa debe ser la que nos irradia Dios y su Sabiduría, y no el brillo de los aparatos que vemos a diario.

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