John Senior: arquetipo de maestro cristiano

John Senior: arquetipo de maestro cristiano
Celebrando la vocación de los maestros, se me vino a la mente la figura de un maestro cristiano que en estos últimos años se está dando a conocer cada vez más, y que incluso, él y su obra, vienen siendo la inspiración de cuantiosas iniciativas loables entre los católicos de hoy.

Escrito por: Cristián Ferreira*

Celebrando la vocación de los maestros, se me vino a la mente la figura de un maestro cristiano que en estos últimos años se está dando a conocer cada vez más, y que incluso, él y su obra, vienen siendo la inspiración de cuantiosas iniciativas loables entre los católicos de hoy. Un best-seller, por ejemplo, como “El despertar de la Señorita Prim” resulta ser una obra literaria fruto de su espíritu restaurador; espíritu que actualmente se revitaliza en muchos fieles cristianos gracias a este maestro…

¿Que quién es este hombre? Es John Senior. Es él un paladín y difusor del Bien, la Verdad y la Belleza que merece, a mi juicio, recordar en el día del maestro.

Sus libros “La muerte de la cultura cristiana” y “La restauración de la cultura cristiana” están abrevando las mentes y los corazones  de los católicos que hoy quieren restaurar ese “medio natural de la verdad, asistida por el arte, ordenada intrínsecamente –es decir, desde dentro- a la alabanza, la reverencia y al servicio del Señor nuestro Dios”[1]

Seguir dando pinceladas a la figura del autor de susodichas obras creo que vale la pena. Por eso me gustaría señalar algunos detalles de su vida y algunos frutos de su vocación de maestro que han trascendido prósperamente hasta nuestros días.

Éste profesor cristiano nació en los Estados Unidos en 1923. Viviendo desde su primera infancia en Nueva York, llegada su adolescencia quiso tener una cercanía más íntima con el campo. Dejando su hogar y siendo recibido por el dueño de un rancho que le permitió quedarse allí a condición de dar conocimiento a sus padres de su paradero y conseguir el permiso de ellos, John fue experimentando el contacto con la realidad, atendiendo a las sugerencias de la creación a entrar en contacto con tierra y en la contemplación de las estrellas. Este dato es relevante. De él podemos ir anticipando algunos de sus deseos e intenciones, y que hoy podemos constatar al leer sus libros.

La experiencia en el campo, su vivencia como un vaquero -en Argentina diríamos gaucho, salvando las distancias-, fue algo que dejó una huella indeleble en su alma y que sin duda alguna se trasladó a las enseñanzas que impartió a sus alumnos universitarios. El contacto con la creación -allí donde los sentidos se conmueven a notar que digitus Deus est hic- es uno de los fundamentos del realismo, y también es uno de los recursos que los maestros de este siglo necesitan reconocer para la buena educación. El Padre Petit de Murat, por ejemplo, también  sugiere este contacto con lo creado a los padres de familia, los primeros maestros: “Los que puedan, y los que no que se ingenien, que el niño esté en contacto con la naturaleza. Hacer sacrificios los domingos, no ese recurso fácil de mandarlos al cine. Váyanse al campo, si pueden.”[2]. De este contacto con la realidad es que nace el asombro, por eso mismo John Senior tendrá como lema para sus alumnos “Nascantur in admirationem”.

Decía que Senior buscó acercarse a la vida rural vinculándose al modo de vida de un vaquero. Y aquí, si me permite, quisiera hacer un paralelismo con Domingo Faustino Sarmiento sobre algo que considero llamativo. Este “gran maestre de América” -digo maestre no porque esté usando lenguaje inclusivo, sino por el conocido vínculo de Sarmiento con la masonería-, éste gran maestre, digo, tenía un odio por los gauchos. “Se nos habla de gauchos… La lucha ha dado cuenta de ellos, de toda esa chusma de haraganes. No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esa chusma criolla incivil, bárbara y ruda es lo único que tienen de seres humanos”, decía “el maestro del aula” en una carta a Bartolomé Mitre, 20 de septiembre de 1861.

Si bien el vaquero y el gaucho tienen sus diferencias entre sí, comparten sus raíces en el aprendizaje y gustan de esa vida sencilla -aunque enriquecida- que nace de la vivencia en el campo. Podemos notar que mientras Senior buscaba el realismo y la sencillez en la vida rural, Sarmiento buscaba el progresismo exterminación de los gauchos, prefiriendo la vida en la urbe y la mecanización.

Continuemos conociendo otros datos relevantes de John Senior y, a propósito de esto, atendamos ahora a las palabras de su propio hijo, Andrew Senior: “Mi padre nació en Stamford, Connecticut, en 1923 y creció en la rural Long Island, Nueva York. Obtuvo su BA (Bachelor of Arts), MA (Master of Arts) y su Doctorado en la Universidad de Columbia. Fue profesor de Inglés, Literatura comparada y Cultura clásica durante la última mitad del siglo XX. Enseñó en el Bard College, el Hofstra College, la Universidad Cornell, la Universidad de Wyoming y en la de Kansas. Cuando trabajaba en la Universidad Cornell, en 1960, se convirtió al catolicismo. Tal vez, la parte más conocida de su vida pública se remonta a su época en la Universidad de Kansas donde, junto a sus compañeros Dennis Quinn y Frank Nelick, fundó el controvertido Integrated Humanities Program [Programa de humanidades integradas], que fue fundamental en varios cientos de conversiones y en muchas vocaciones.”[3]

“El controvertido Programa de humanidades integradas”… Justamente este es otro de los puntos relevantes de la vida de John Senior como un arquetipo de maestro cristiano. Dicho programa fue uno de los medios por el cual Senior y dos colegas suyos (Dennis Quinn y Franck Nelick) fueron una luz y guía para que sus alumnos a través de las letras -en particular, con la poesía, y especialmente con los Clásicos- lleguen a percatarse qué importante es cultivar un suelo en el que el amor de Cristo pueda crecer, lo cual, en ese momento de los 70 significaba para esos universitarios tener que repensar las prioridades. Esas prioridades fueron repensadas por algunos alumnos de Senior del tal modo que terminaron encontrando un orden que los condujo a unos a la vida consagrada, y a otros a la vida en familia y comunidades cristianas.

Pocos son quienes les hablan a los alumnos de las virtudes, de la vocación, y mucho menos de Dios y los trascendentales.

Permítame el lector hacer nuevamente otro paralelismo para contrastar de nuevo a John Senior con Domingo Faustino Sarmiento. Y es que me llama la atención notar que mientras Senior se conducía en su vocación de maestro como un sembrador de la buena semilla de Cristo entre sus alumnos, Sarmiento, por su parte, buscaba una educación laica y no dejaba pasar ocasión para dejar su evidente postura anticristiana en sus obras y correspondencias, como cuando dice: “La razón católica es la negación de la razón”[4]… Este resulta ser un contraste entre un maestro cristiano y un maestro masón. Y hasta aquí el paralelismo.

Volvamos a nuestro profesor de Humanidades. Advirtamos que a partir de su conversión al catolicismo a fines de la década de los ‘50, el amor de John Senior por la Iglesia Católica se vio reflejado en la plena disposición para servir desde la cátedra a Dios y así, como buen maestro, dejó una huella trascendente en sus alumnos a tal punto que muchos de ellos llegaron también a su conversión; conversión a las realidades naturales y sobrenaturales.

Se ha dicho que fueron más de doscientas las conversiones al catolicismo de sus alumnos, y que unos treinta se hicieron monjes en la abadía benedictina tradicional francesa de Notre Dame de Fontgombault, volviendo luego a Estados Unidos para fundar la abadía de Clear Creek.

Todo un modelo de maestro, John Senior dejó una herencia preciosa para los que pasaron por sus clases, una herencia que incluso se prolonga hasta nosotros por medio de sus libros que son un semillero de ideas para encontrar allí varias soluciones para nuestro tiempo.

Dirigiendo una mirada hacia nosotros y nuestro entorno, nos vemos en un sistema educativo, que desde las escuelas hasta las universidades, está encarrilado por las vías del pragmatismo y del utilitarismo con tal de que los alumnos salgan al mercado laboral para ser individuos que valgan según su eficacia y productividad, y vivan interesados en el negotium. Pocos son quienes les hablan a los alumnos de las virtudes, de la vocación, y mucho menos de Dios y los trascendentales. Por eso creo que la figura de John Senior se vuelve un modelo inspirador para quienes quieren vivir su vocación de maestros. ¿Qué maestro cristiano no cobija en su corazón el deseo de dar frutos como los dio este profesor de letras Clásicas?…

Para ir concluyendo, quisiera terminar señalando algunos elementos que Senior consideraba importante para la vida cristiana. Los señalo en pos de ayudar a “repensar nuestras prioridades” y citando sus mismas:

El valor de la Santa Misa. Esta fue una de sus prioridades más “prioritarias” luego de su conversión, considerándola una fuente de bienes y el centro de la cultura cristiana. Basta leer el siguiente párrafo para darnos cuenta de ello: “¿Qué es la cultura cristiana? Esencialmente es la Misa. (…). Toda la arquitectura, el arte, las instituciones políticas y sociales, toda la economía, las formas de vivir, de sentir y de pensar de los pueblos, su música y su literatura, todas estas realidades, cuando son buenas, son medios de favorecer y de proteger el santo Sacrificio de la Misa.”[5]

Lo fundamental de la oración: Vivimos momentos en los que el activismo y la acedia se oponen fuertemente a la vida de oración, y consecuentemente desatendemos a la única cosa necesaria. John Senior nos dice: “Debemos grabar en nuestro corazón la primera ley fundamental de la economía cristiana: el fin del trabajo no es la ganancia sino la oración; y la primera ley de la ética cristiana: vivir para Cristo, no para nosotros mismos.”[6]

La necesidad de una especial devoción a la Virgen Santísima: Senior es un devoto de la Madre de Dios. Desde el comienzo del libro él dice: «Yo creo, y éste es el tema y la tesis de este libro, que la verdadera devoción a María es ahora nuestro único recurso«[7]. Y en una páginas posteriores dirá: “La impureza es una infracción a los Mandamientos de Dios, pero, más, profundamente, una mala dirección del amor. No la echaremos nunca fuera, todas las tentativas para resolver la crisis de la Iglesia serán vanas, si no consagramos nuestros corazones al Corazón Inmaculado de María, lo cual implica mucho más que recitar una oración impresa, al igual que el ayuno implica mucho más que comer menos. Implica compartir su misma vida interior.”[8]

La aversión a las pantallas y los aparatos mecánicos: La experiencia común nos ha dado muestras del daño que causa el mal uso de la tecnología que nos vuelve esclavos de los aparatos electrónicos. Senior nos propone algo determinante: “Yo acepto el riesgo de pasar por un fanático peligroso, pero repito con toda la calma y seriedad que puedo: deshagámonos de todos estos aparatos mecánicos y electrónicos y restauremos en nuestros hogares la música y la literatura real, viva, simple, cristiana, doméstica.”[9] “Como primera medida, destruyan vuestro aparato de televisión. (…)Y con el tiempo y el dinero que ahorren, compren un piano, y restauren en vuestros hogares el gusto por la música; la música cristiana corriente, ordinaria, que en su mayoría, es fácil de ejecutar.”[10] Evidentemente muchos piensan que no es posible deshacerse de los aparatos electrónicos, pero sin duda que sí es posible y será algo preciosos restaurar la buena música, y la saludable lectura en nuestras casas.

La vida sencilla vs. la vida sofisticada: Lo sofisticado suele ser más complicado; lo sencillo más sano y delicado. Por eso el autor de La restauración de la cultura cristiana nos señala:“(…) podemos medir la excelencia de nuestras casas por el tamaño de la familia. Si comparamos el equipo de música con el piano, por ejemplo, podrán ver que las familias no se reúnen en torno a los parlantes a cantar. Las familias no acercan sus sillas al radiador de la calefacción central. Nadie canta mientras espera que termine de funcionar el lavavajillas. Pero maridos y mujeres realmente conversan y cantan mientras lavan y secan junto los platos. Y lavar la ropa, según narra la Odisea, es una recreación para las princesas. Todos los aparatos que ahorran trabajo destruyen el amor.”[11] Remata con esta frase que impacta de lleno en el afán de confort e inmediatez del mundo moderno.

La importancia de cultivar el silencio (sobre todo en el culto): “El bien no hace ruido y el ruido no hace bien”, dice un autor espiritual. ¿Y qué piensa Senior? “(…) la oración es silencio. Sin duda alguna, todo lo que sea ruido, inquietud, gritos y zapateos; todo lo que esté acompañado de guitarras eléctricas y micrófonos, no es oración.”.[12] Palabras para quienes asisten a iglesias donde los coros ruidosos y la gente sin recogimiento no dejan rezar.

El recuperar la belleza del canto gregoriano: “Los católicos han aceptado algunas de las peores distorsiones de su fe en el orden de la música, del arte y de la literatura sin una palabra de enojo, porque nunca han escuchado verdaderamente el “Tantum ergo” o el “Ave Maris Stella”. No es falta de fe, es falta de música: nunca han tenido en su hogar aquello que les hubiera formado el buen gusto y el buen sentido.”[13]

La bondad y el valor del latín: “El latín es la lengua de la Iglesia Católica Romana. Se puede repudiar de la tradición y derribar la Iglesia, pero no se puede tener la tradición y la Iglesia sin su lengua. Y aunque el Concilio Vaticano II permitió la sustitución del latín por las lenguas vernáculas allí donde lo justificaran razones pastorales, recomienda que lo conserve”[14] Aprender latín y griego ¡qué importante ha sido para el católico! Tanto para la vida espiritual, para evitar las adulteraciones de la doctrina que llevan a falsas concepciones o erróneas interpretaciones, como también para la vida intelectual y el ámbito académico[15].

La bondad y la belleza del Rito Tridentino: “Desde el punto de vista cultural – que, insisto, no es algo menor o accidental, sino algo indispensable en los medios ordinarios de la salvación- y prescindiendo de las difíciles controversias canónicas y teológicas sobre su licitud o validez, como así también de los aspectos pastorales, debo decir que la Misa nueva, al menos tal como se celebra en los Estados Unidos, es un desastre. Y, con el respeto debido a las autoridades, debo dar testimonio público de mis peticiones privadas para que se restaure la gran liturgia gregoriana y tridentina que se celebraba antes de la reforma del concilio Vaticano II: la obra de arte más refinada y más bella que haya existido en el mundo; el corazón, el alma, la fuerza más determinante de nuestra civilización occidental, y la madre nutricia de tantos santos.”[16]

La importancia aprender leyendo al Doctor Angélico: “Santo Tomás sigue siendo Doctor Común de la Iglesia Católica pero no hay muchos católicos comunes.”.[17] Y luego afirma: “(…) la Summa Theologica es la medida de toda la teología católica. Los católicos deben creer que Tomás de Aquino es el Doctor de la Iglesia con el mismo grado de certeza con la que creen que es santo. (…) Santo Tomás ocupa un lugar especial entre los teólogos, análogo al que ocupa la Santísima Virgen entre los santos.”[18]

La poesía y los buenos libros: “La fecundidad de las ideas de Platón, de Aristóteles, de San Agustín o de Santo Tomás no se pueden manifestar si no es en el terreno de una imaginación saturada de fábulas y de cuentos de hadas, de historias y de poemas, romances y aventuras: Grimm, Andersen, Stevenson, Dickens, Scott, Dumas y tantos otros buenos libros.”[19]

Tres mensajes:

Un mensaje para el feminismo radical y la ideología de género: “Las mujeres deben ser liberadas de su moderna “emancipación”, que es, en realidad, dócil esclavitud a un ideal calvinista y masculino, y entonces podrán volver a la tarea que les es propia -más grande que la medicina, la ingeniería, la economía, los negocios y la vida política- participando con Dios en la creación y crianza de la vida humana, lo que NO puede ser hecho por los hombres y ni siquiera por los ángeles. Los hombres, por supuesto, procrean y deben gobernar y proveer, pero -aunque sea una obviedad- solamente las mujeres pueden concebir y amamantar, y a su modo lo siguen haciendo físicamente, psicológicamente y espiritualmente mucho después que han destetado a sus hijos.”[20]

Un mensaje para los educadores y los matrimonios: “Los filósofos realistas nunca propiciaron la transformación social, ya que nada serio y profundo se logra a través de las técnicas. La educación no se mejora con un nuevo plan de estudios -se necesitan buenos maestros- y tampoco el matrimonio con un cambio de posición sexual. Para un cambio rápido y significativo en la educación, en el matrimonio y en todas las cosas, se necesita sentido común, tradición, suerte y amor.”[21]

Hasta aquí las palabras de John Senior, un profesor digno de seguir conociendo para imitar lo que sea posible imitar de él y su forma mentis. Y hasta aquí mi intento por retratar a este arquetipo de maestro cristiano. ¡Ah! Y me está faltando un último mensaje:

 Un mensaje para todos: “Es tiempo de regresar a esas condiciones en las cuales el humano puede crear nuevamente, no solamente con aire puro y agua clara, que algunos tecnólogos piensan que pueden conseguir con aplicaciones más intensas de la misma química que ensució todo en primer término, sino al aire y al agua naturales, a las flores y a los árboles, y, más importante aún, a los barrios y pueblos en los que podamos caminar a una velocidad humana normal, comprar en comercios amistosos donde el carnicero y el almacenero conozcan a sus clientes, enviar a nuestros hijos a colegios en donde los padres conozcan a los maestros y los maestros amen su oficio y a sus alumnos.”[22]

[1] Senior, John, La restauración de la cultura cristiana, Vórtice (2016), p. 29

[2] Petit de Murat, fray José Mario, El amanecer de los niños, San Miguel de Tucumán (1993), p. 132

[3] https://gloria.tv/article/JxYNyc6m7JkU28nuYSmAp3c2y

[4] D. F. Sarmiento, Obras Completas, t. 52, p. 330

[5] Senior, John, La restauración de la cultura cristiana, Vórtice (2016), p. 32

[6] Ibidem,  p. 33

[7] Ibidem, p. 28

[8] Ibidem, p. 34

[9] Ibidem, p. 42

[10] Senior, John, La restauración de la cultura cristiana, Vórtice (2016), p. 39

[11] Ibidem, p. 75

[12] Ibidem,  p. 99

[13]Ibidem, p. 42, 43

[14]Ibidem,  p. 94

[15] Tenemos testimonios que nos confirman el hecho de que conocer las lenguas clásicas (latín y griego) han abierto las puestas a muchos jóvenes en varias universidades importantes del mundo.

[16] Senior, John, La restauración de la cultura cristiana, Vórtice (2016), p. 49

[17] Senior, John, La restauración de la cultura cristiana, Vórtice (2016),  p. 114

[18] Ibidem, p. 120, 121

[19] Ibidem, p. 43

[20] Ibidem, p. 80, 81

[21] Ibidem, p. 76

[22] Ibidem, p. 67

Artículo original: https://www.quenotelacuenten.org/2019/10/03/john-senior-arquetipo-de-maestro-cristiano/

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