Escapar de la trampa

Escapar de la trampa

Hace más de dos siglos la humanidad se debate entre los modelos de derecha o de izquierda. Derechas liberales y derechas conservadoras. Izquierdas cristianas, izquierdas ateas. Derechas que terminan siendo izquierdas, izquierdas que terminan siendo derechas. Los que se venden de una forma, pero terminan siendo exactamente lo opuesto, y que en el fondo son lo mismo. Y son lo mismo porque hacen al mismo juego en el cual nos han encerrado hace siglos con la ilusión constante de creer que estamos en una contienda. Aquí no hay polaridad. Eso es un engaño.

La vida gira en torno a la economía; la política y la religión se arrodillan ante la economía. Y la economía nunca, ni en los mejores escenarios del “liberalismo” fue libre. El capitalismo y su superación, el comunismo (porque magnifica sus aspectos más salvajes y dominantes) dependen del capital como fuerza económica. El capital depende de quienes imprimen y administran los billetes y dominan el metálico de base (léase bancas internacionales, casas de moneda, casas de cambio) ¿Y quiénes dominan estos factores? Pues, las mismas dinastías bancarias, financieras y mineras de siempre, las mismas familias que acuerdan “Hoy haremos capitalismo. Mañana haremos comunismo. Mantendremos a la gente engañada en la sensación de que hay una rivalidad, pero manejaremos ambos extremos”.

Piense por un momento, por un solo instante, que sería de usted con mil millones de dólares (no es mucho, si pensamos que el actual millonario más grande [oficialmente*] tiene 100 mil millones de dólares). *teniendo en cuenta que las mafias no declaran sus fortunas.

¿Tendría la misma moral de hoy? ¿Ayudaría a los carenciados que conviven con usted? ¿Les importaría poco y nada, porque ya se siente salvado? Bueno, es que hay gente que es intocable, salvada de por vida. Son los que forman parte de la pirámide que flota. Han cruzado un umbral en el que un millón de dólares más, o menos, no les hace diferencia. Viven en una dimensión absolutamente distinta a la nuestra. Tienen otras vidas cotidianas, con otros gustos, con otras ideas y se saben “intocables”. Y son pocos, se conocen muy bien y se cuidan entre ellos como una cofradía. Y el que no comparte sus valores, simplemente no los dejan llegar. Y a los pocos “poderosos” que aún quedan, que están en contra de sus ideas, se encargan de destruirlos.

Sin embargo, cuando masivamente un país se decide vivir bajo otro sistema, la cofradía se las ve más complicada, y apunta toda su parafernalia mediática, sus estrategias económicas y su armamento (en última instancia) para acabar con esa peligrosa disidencia. Todo país que no juegue el circo de la “democracia” (de voto indirecto, dominada por títeres amigos) es tachado de “dictadura” y la propia palabra “dictadura” se ha convertido en un sello de algo perverso. (Descontando que hasta la propia Roma vivió sus mejores años bajo dictadores, por solo dar un ejemplo).

Luego de más de 30 años de este tipo de democracia (en donde se escuchan a todos, menos al pueblo mismo) a los países de la región solo le quedan ruinas y miseria. Deudas y desesperanza.

El esfuerzo social e intelectual del siglo XXI es salir de la trampa, antes de que la trampa nos termine por matar a todos. Salir del juego de izquierda/derecha absurda y atacar donde al sistema más le duele, aunque en silencio no lo reconozca. Pegarle al propio sistema dinerario. Pensar una economía sin dinero basada en la producción de bienes tangibles.

Parece inimaginable, como si hace miles de años la humanidad siempre hubiera tenido dinero en forma de papelitos para cambiarlos. Lo que sí ha tenido que hacer la humanidad por miles de años y dejó de hacerlo en los últimos siglos es: cultivar sus alimentos, criar sus animales, fabricar sus muebles, coser sus propias ropas, fabricar su jabón, etc. La Biblia plantea el sinónimo de “reducir a ciudad” como esclavitud. Todas las grandes ciudades son barracas de esclavos de este sistema. Barracas decoradas, con luces de neón y autopistas, pero barracas al fin. Nadie es dueño de su tierra (todos pagamos impuestos por vivir), nadie come un solo pedazo de pan sin pagar impuestos por el (directa o indirectamente). Nada esta exento de impuestos, salvo los lujos y las ruletas financieras que sostienen al sistema dinerario.

Un hombre es realmente libre cuando tiene un poder absoluto e indiscutible sobre su propia vida y sus cosas. Esa auténtica libertad la desconocemos todos. Y en un clima así, aspirar al poder es una ilusión.

Directa o indirectamente el sistema, sea capitalista o comunista, busca que el hombre dependa de las potencias para vivir y que no sea dueño de NADA. Si es capitalismo, pronto las deudas, los impuestos y las cargas harán de su vida un infierno de preocupaciones, en el que deberle a alguien es una constante, si se quiere tener un mínimo de placer (y si es que se puede vivir placenteramente debiéndole a medio mundo, o sabiendo que uno vive para mantener ratas y vagos con los impuestos), y mucho de lo que se posee, realmente es propiedad de alguien más. El comunismo es más honesto, ya que no le permite tener propiedad privada y todo lo maneja el Estado. ¿A quién le debe usted o el propio Estado en una economía capitalista? A los bancos internacionales. ¿Quiénes son los que financian a los partidos en el comunismo? Los bancos internacionales. Todo, directa o indirectamente es de ellos y nada es de usted, salvo las pequeñas minutas que garanticen que usted no se muera sin antes haber embargado su vida en favor de los auténticos dueños de todo.

La escapatoria depende de formar un nuevo sistema con hombres y mujeres de una moral consolidada en la responsabilidad cívica, el deber por sobre el derecho, la caridad inteligente, el trabajo productivo y la mente activa. ¿Qué tenemos hoy? Un panorama poco alentador. En la miseria y el engaño, la juventud resignada a no tener nada, se alinea generación a generación nuevamente detrás de los ideales de izquierda. Y es que es una juventud idiotizada (mas con un potencial enorme, pero atrofiado), que no tiene oficio, no tiene sed de conocimiento ni de justicia, no tienen orgullo por tener lo propio, por defender lo propio, por ser fieles a su identidad. Una juventud que ignora que media docena son 6 unidades, que no saben leer relojes analógicos, y que vive encerrada hasta 12 hs al día en juegos de video, pese a tener más de 25 años (todo esto último basado en ejemplos reales). ¿Qué podemos hacer?

En una próxima nota ensayo algunas soluciones.

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