Escapar de la trampa (III)

Escapar de la trampa (III)

Habiendo marcado los puntos negativos del sistema actual, y habiendo establecido las bases fundamentales para la formación de un nuevo sistema socioeconómico, en esta tercera y última parte me pronunciare sobre un esquema que exponga una solución práctica y practicable a los problemas actuales.

Dijimos que lo que vale debe ser considerado como valor. No voy a profundizar en la teoría del valor, que es muy compleja y amplia. Me limitare a decir que dentro de esta se entiende que hay un valor de uso, un valor de cambio y un valor intrínseco de las cosas. El valor de uso es la capacidad que tiene un objeto de cubrir las necesidades para lo cual fue producido. El valor de cambio, por su parte, es aquel que tiene una cosa en relación a otra para ser intercambiada. El valor intrínseco o propio de las cosas es aquel valor de uso que la cosa tiene en su natural aplicación (por ejemplo, una manzana es un alimento y vale por alimento, no obstante, lo cual pueda servir de sujetador de papeles, o de modelo para un cuadro).

Curioso es que 1kg de pollo es lo mismo en EEUU que en Argentina o en Paraguay, pero la remuneración de un doctor en Argentina o en Paraguay no es la misma, y mucho menos valen lo mismo que la de un doctor en Alemania o en EEUU.

Vemos entonces que, dentro de estas definiciones, naturalmente lo que más debe valer es aquello que naturalmente cubre más necesidades. Desde un punto de vista humano, de humanas necesidades, vale propia o intrínsecamente más un pollo al espiedo que un papel con pintura verde con la leyenda “100 dólares”. ¿Qué hace que un billete de 100 dólares valga más que un pollo al espiedo? Es un objeto representativo, con alto valor de cambio, respaldado (supuestamente) en otro bien de valor representativo de cambio (el oro), y en la confianza que inspira la matriz que lo imprimió (la casa de moneda norteamericana).

Ahora, observemos que curioso es que 1kg de pollo es lo mismo en EEUU que en Argentina o en Paraguay, pero la remuneración de un doctor en Argentina o en Paraguay no es la misma, y mucho menos valen lo mismo que la de un doctor en Alemania o en EEUU. ¿Por qué se da este fenómeno? ¿Por qué las mismas personas, con iguales profesiones, valen menos?

Este relativismo de valor del tiempo/trabajo humano es una imposición totalmente injusta y descalificadora del sistema, que inclusive doctores, abogados e ingenieros ¡Gente ilustrada y que sigue tolerando!

A todo esto, se suma que un músico o un futbolista extranjero gana millones de dólares, en industrias bastante turbias, por cierto.

El público en general, que hace a la masa de consumo, no reconoce el valor de las cosas importantes debido un poco a que no las hacen y ni idea tienen de cómo se hacen.

Sin embargo, a todas luces parece más útil y necesario para la vida poder tener una casa, poder sentarse en una silla, poder prender la luz del baño… y ni por asomo un albañil, un carpintero o un electricista ganan lo que merecen.

El público en general, que hace a la masa de consumo, no reconoce el valor de las cosas importantes debido un poco a que no las hacen y ni idea tienen de cómo se hacen. En general todos anhelan cosas superficiales por las que quieren pagar millones, y ese anhelo las hace cada vez más valiosos, y desprecia las cosas útiles y necesarias (y en consecuencia a quienes las hacen), sin darse cuenta que de sueños no se vive, que sin sueños y artificios se puede vivir, pero que, sin un techo sobre la cabeza, cuatro paredes, una luz en el baño, una mesa, un par de sillas y un pollo para comer, la vida se convierte en una miseria.

Además, en el medio está la costumbre de valorar siempre más lo foráneo que lo propio. Un dólar es perseguido. 100.000 guaraníes indudablemente se aceptan. Pero una letra de cambio nominada, basada en una fortuna de bienes intrínsecos de un vecino es sospechada de fraudulenta, y se desconfía.

Es esa forma de pensar la que nos resta poder local y valor a las producciones locales, y les asigna todo el valor a las cosas de nulo valor intrínseco.

La economía local debe cambiar necesariamente, para impedir que estas injusticias y estos desequilibrios sigan afectando a la sociedad, principalmente al sector de la sociedad más carenciado.

Estar atados al poder de un dinero controlado por bancos centrales, en capitales distantes, nos hace siempre colonias de aquellos que lo imprimen.

En un vuelo de unos miles de kilómetros nos vamos a los Andes, donde un viejo sistema económico sigue funcionando y espera una recapitulación y un reciclaje. Hablamos del trueque.

En las sociedades de montaña, donde el acceso a los bienes es complicado, el intercambio de mercaderías en relaciones de igualdad sigue siendo tan útil como posible.

Cualquier libro de economía y cualquier economista actual, por lo general, desprecia al trueque y lo ponen como algo histórico y superado. Son quienes les rinden tributo al mismo sistema que nos tiene sumergido en la pobreza y la desigualdad.

Estar atados al poder de un dinero controlado por bancos centrales, en capitales distantes, nos hace siempre colonias de aquellos que lo imprimen. En la medida en que esta economía de papeles y números ficticios e innominados siga prosperando, más vulnerabilidad tendrán nuestras sociedades ante las crisis económicas.

En el año 2001 se dio en Argentina un fenómeno extraordinario, debido a la crisis monetaria de aquel entonces. Se abrieron clubes de trueque con bonos de intercambio. La gente carenciada que no tenía dinero, intercambiaba bienes por alimentos o ropa, y eso se sostuvo durante algunos años. Como el sistema era útil, comenzó a significar una amenaza para los mercados y, con el apoyo de mafias locales, las ferias de trueque fueron disueltas. (Información que obtuve de primera mano de uno de los organizadores de estas ferias).

Hoy, un sistema de trueque, con apoyo de los actuales sistemas de comunicación, permitirían el florecimiento de los comercios locales, basados en el intercambio de producciones locales, tanto de bienes como de servicios. Las tasaciones de los bienes pueden hacerse en tiempo real, sea por escalas prediseñadas que estén en línea, tanto como por cotizadores que resuelvan las dudas en casos complejos.

Los servicios o las diferencias dadas en los intercambios, en lugar de realizarse con dinero, pueden realizarse con puntos o bonos nominados que puedan comercializarse en las plataformas de trueque autorizadas.

A esto se suma que cada comerciante tiene una identidad y un historial, lo que hace permite categorizar la calidad de sus productos y servicios, y su crédito como comerciante. De ese modo, se prioriza a los comerciantes locales y frecuentes por sobre los comerciantes foráneos o desconocidos.

La realidad comercial misma nos demuestra que, en general, quienes participamos en el comercio, lo hacemos siempre entre gente conocida.

Es un deber el ponderar en primer lugar a aquellas personas que son de nuestro barrio y municipio, por sobre cualquier otro mercado que nos ofrezca lo mismo.

Debemos, a parte, entender que la economía se subordina a las necesidades humanas, y no al revés, y que el sistema económico debe permitir los intercambios de bienes sin la necesidad de que haya una ganancia artificial o desequilibrada. No es aceptable que la sagacidad y la especulación permitan más ganancias que la producción.

Si el poder económico comienza a estar en manos de quienes producen los bienes y brindan los servicios, en lugar de aquellos que tienen la autoridad para imprimir papeles de colores, ya será una batalla ganada.

Si esas producciones son locales y favorecen a los vecinos y conocidos de nuestro barrio, aun mejor.

Y si impiden los desequilibrios irracionales que terminan enriqueciendo a los improductivos, y perjudicando a los que producen, mejor todavía.

Estas son ideas posibles, realizables y que pueden convivir e incluso rivalizar con el sistema actual, que casualmente ni siquiera respeta las bases propias del capitalismo, al sustentarse en “bienes” ficticios y en monedas “fiat”, desvirtuándose las bases del mismo.

Como todo, puede debatirse, pensarse mejor, completarse… pero es una base para el debate. Es necesario saber que otro u otros sistemas son posibles, y en la medida que funcionen, le restaran poder al actual.

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