Depresión y religiosidad

Depresión y religiosidad
La depresión es una enfermedad compleja que afecta todas las dimensiones de la persona

Escrito por: Lic. Kellin Borges Conte

La depresión es una enfermedad compleja que afecta todas las dimensiones de la persona

Es evidente que el hombre está sujeto a condicionamientos, y en este sentido, no está libre. Con esto se quiere decir que no está libre de algo, pero está libre para algo.

De hecho, el condicionamiento de una depresión endógena (las que se generan por causas puramente biológicas, como disfunciones fisiológicas, hormonales, o de respuestas electroquímicas en el sistema nervioso) puede generar un reforzamiento de los síntomas generando la disfunción en las demás áreas de desarrollo.

La religiosidad – fe, creencia – no es garantía de inmunidad contra las enfermedades mentales. Sin embargo, es un poderoso aliado en la lucha personal trazada contra la enfermedad, una vez orientada hacia ese fin.

En todos casos, el trabajo psiquiátrico dependerá de la modulación cognitiva (pensamientos y sentimientos) y la volitiva (decisión y voluntad), para la contención y tratamiento del paciente. Frankl (2015) expone con un caso concreto, el papel de la voluntad y la decisión en un caso de depresión endógena, y resalta, en esta situación, el marco diferencial que la religiosidad genera en el tratamiento: La paciente es una carmelita, y escribe en su diario la evolución de la enfermedad: “La tristeza es mi compañera constante. No importa que haga, la tristeza coloca un peso de plomo sobre mi alma. ¿Dónde están mis ideales, toda la grandeza, toda la bondad, tan estimadas en otro momento por mis anhelos? Mi corazón se halla dominado por una acedía y aburrimiento profundo. Vivo como tirada en un vacío. Existen momentos en los cuales el propio dolor me es negado.

En mi tormento, clamo por Dios, el Padre de todos. Pero Él también me deja en silencio. En lo profundo, solo desearía una simples cosa: morir; morir hoy mismo, si me fuera posible. Si no tuviera una conciencia en mi generada por la fe, según la cual no soy dueña de mi vida, ya, y muchas veces, me hubiera entregado al vacío.

La psicología, como ciencia y práctica profesional, no debe inducir en el paciente creencias X o Y.

En esta fe, comienza a transformarse todo el amargor del sufrimiento. Porque aquel que piensa que la vida humana tiende de ser un caminar de éxito a éxito, se asemeja a un necio que se admira del abismo cavado en donde se debería construir una catedral. Dios edifica un templo en cada alma humana. En mi caso, Él está justamente cavando el cimiento. Mi deber consiste en soportar de buena voluntad los golpes de su pala”. Hay prejuicios sobre la cuestión incluso en el medio religioso.

Consideraciones finales: la psicología, como ciencia y práctica profesional, no debe inducir en el paciente creencias X o Y.

Pero sí, puede utilizar de las creencias religiosas individuales del paciente, para trabajar en él, la voluntad – y fortaleza – necesarias en este combate interior.

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